jueves, 30 de diciembre de 2010

Y ya ves, sigo aquí, perdida entre una maraña de deseos que no sé descifrar, roto como un espejo roto, que no refleja ya sino un canto desolado; y beso el cuello de la botella de cerveza y y escucho a James Blunt y la garganta me sabe a alcohol y no sé por qué pero me entran ganas de correr, ganas de correr furioso por las calles de esta ciudad, de correr sin parar para habitar por fin en ningún lugar, ganas de gritar muy fuerte, de gritar hasta romperme, ganas de gritar a nadie y a todos, por las calles heladas, por las calles inmensamente solitarias en las que, siempre, sin que sepamos por qué, alguien está llorando y no tiene a dónde ir

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